1. Introducción
Entre las mordeduras causadas por
animales
las de serpientes son tradicionalmente temidas, y no por los desgarros,
laceraciones o traumatismos inherentes a la agresión, sino por las
consecuencias de las especies consideradas venenosas.
El veneno de las serpientes puede responder a diferentes
tipos y biológicamente parece una especialización específica destinada a
cumplir
funciones muy concretas.
Es conocido que las grandes constrictoras, boas, pitones
y otras, carecen de colmillos conectados a glándulas venenosas. Son
perfectamente capaces de capturar las presas que necesitan y con sus
mandíbulas sujetan el animalillo depredado hasta que, en pocos
instantes, lo envuelven materialmente entre sus anillos y, gracias a la
poderosa musculatura, reducen a una masa
informe,
lista para ser ingerida, el cuerpo de la víctima. Otras especies menos
corpulentas y poderosas, que también se alimentan de animales vivos
utilizan el veneno como arma de caza. Incapaces de cazar y retener la
presa, con la mordedura inoculan un veneno que mata a la víctima en un
lapso generalmente breve y posteriormente, gracias a los "
sensores" localizados en la
lengua,
rastrean hasta encontrar el animalito muerto, que pasará a formar parte
de la dieta. Por esta especialización biológica, especies muy pequeñas,
como las víboras de unos sesenta o setenta centímetros de longitud, son
capaces de matar organismos de peso mucho más elevado, como puede ser
el hombre.
Las sustancias tóxicas contenidas en el líquido inoculado por las serpientes ponzoñosas responden a fórmulas y
mezclas
diferentes, de manera que algunos venenos pueden comportarse como
destructores de los hematíes sanguíneos; otros, como desintegradores de
las
células nerviosas; algunos operan favoreciendo la "ruptura" del citoplasma de
las células, y también los hay que actúan favoreciendo las hemorragias al desorganizar los
sistemas normales del organismo.
Muchos
grupos contienen tipos de veneno con una
acción
principal, de entre las señaladas anteriormente, pero cada especie
"fabrica un veneno propio" y distinto, en general, de los anteriores,
por lo cual los "
antídotos universales" no tienen la
eficacia máxima que sería deseable.
2. Donde se produce el veneno
Los ofidios con "colmillos" o dientes huecos que
pueden "inyectar" el veneno en el momento de la mordedura tienen, por
regla general, unas glándulas especiales situadas en la cabeza, cerca de
los ojos, que vierten su contenido en conductos comunicados
directamente con los canales internos de los dientes ponzoñosos. Esta
glándula, que, según numerosos especialistas, es una "digestiva
modificada", suele tener gran tamaño, en relación con los dientes, y
está accionada por los
músculos que actúan en el acto de la mordedura.
En las especies opistoglifas, con colmillos emplazados muy atrás en la boca y consideradas no peligrosas para el
hombre,
suele atribuirse el tóxico producido a la glándula parótida con
funciones seguramente digestivas o favorecedoras de la ingestión de la
presa.
3. Estadística
Aunque en la mayoría de los países que tienen abundancia de especies de ofidios venenosos no existen
estadísticas demasiado fiables respecto a los
accidentes
que causan estos animales, nos encontramos con que solamente quedan
registrados de forma fehaciente los casos de defunción inequívocamente
atribuible al veneno de las serpientes.
En países mediterráneos con escasa variedad de ofidios venenosos los
registros medios
no superan la treintena de mordeduras declaras por año, y de éstas
menos del 10 por 100 son causas de defunción. En año más húmedos, con
mayor pluviometría, parece evidenciarse una tendencia al aumento de las
mordeduras, respecto a las especies agresoras en la península Ibérica
pueden casi reducirse a la víbora hocicuda Vipera latasi y a la víbora
áspid Vipera aspis.
Esta
escasez de casos resulta, sin embargo, trágica para las víctimas que pasan a ser sumandos del exiguo porcentaje. En el caso de
España,
con muy pocas especies susceptibles de originar mordeduras con
inoculación de veneno, resulta imprescindible el traslado del herido a
un centro hospitalario, explicando lo más detalladamente posible las
características del ofidio causante del accidente para
poder actuar con el antídoto preciso.
Las estancias en áreas silvestres o rurales, de zonas
con abundancia o, mejor dicho, con variedad de especies, han de precisar
la identificación del agresor, que puede ser capturado mediante un
certero golpe de bastón en la mitad del cuerpo para inmovilizarle e
impedir otros ataques por ruptura de la columna vertebral, que habrá de
permitir matar al ofidio sin excesivo
riesgo.
Por que la identificación
Ya se ha reseñado la variedad de tipos de veneno en
función
de su forma de actuación que poseen las distintas especies de
serpientes venenosas. La rapidez en la actuación del tóxico, variable a
veces con la dosis inoculada, es tal que muchas veces hay que efectuar
una asistencia urgente capaz de evitar o paliar las consecuencias más
graves de la mordedura.
De la correcta identificación de la serpiente podrá incluso asegurarse
la administración del
antídoto
específico, que puede formar parte del botiquín de la expedición, o en
caso de duda o desconocimiento habrá que procurar actuar con antídoto
universal hasta llegar a un centro asistencial preparado para hacer
frente a la curación del herido. Estas sustancias han de solicitarse en
los centros especiales de cada uno de los países que hayan de explorarse
exhaustivamente.
4. Formas de actuación de los tóxicos
El grado de peligrosidad de las mordeduras de serpiente está en
función
de la cantidad de veneno inoculado, de la actividad del veneno, del
punto de inoculación (zona del cuerpo donde se sufre la mordedura) y del
peso corporal de la
persona afectada. Los
niños
resultan especialmente sensibles a los tóxicos producidos por los
ofidios en parte debido a su menor peso relativo, además de otras
razones fisiológicas más complejas.
La mortalidad porcentual de los casos registrados es muy
variable según la especie "mordedora", ya que la secreción inyectada
difiere no sólo cualitativa, sino también cuantitativamente (tipo de
tóxico y cantidad del mismo).
En la mayoría de casos el veneno penetra en la zona
mordida y se distribuye con mayor o menor rapidez absorbido por vía
linfática (pequeñísimas venas que cubren todo nuestro organismo).
Solamente en raras ocasiones es inoculado directamente en
sangre (cuando, desgraciadamente, el diente venenoso interese una vena o arteria), provocando tal vez
la muerte en un lapso de
tiempo muy breve, que a veces resulta inferior a un cuarto de hora.
Tanto el tóxico elaborado en las glándulas venenosas
como el destilado por las parótidas, que se mezcla con la saliva y salvo
excepciones resulta menos activo, tiene una composición
química variada y compleja, en la que intervienen
proteínas y
enzimas muy distintas, que actúan con propiedades concretas:
a) Proteolíticas. Capaces de producir grandes hemorragias al desintegrar y destruir venas y arterias.
b) Coagulantes y anticoagulantes. Alteran la coagulación
normal de la sangre y pueden causar la excesiva "liquidez" con
subsiguientes hemorragias o, por el contrario, la
producción de trombos por "solidificación" de la sangre.
c) Hemolíticas. Destructivas de los glóbulos rojos, con
lo que alteran la normal función circulatoria y respiratoria e incluso
pueden producir una asfixia fisiológica.
d) Neurotóxicas. Interfieren y degradan, a veces de forma irreversible, las
funciones propias del
sistema nervioso.
Provocan desensibilización de la zona mordida, que más tarde se
transmite a otras regiones del cuerpo, caída de párpados,
desorientación, dificultades respiratorias, pérdida de la
coordinación muscular, alucinaciones...
5. Sintomatologia de las mordeduras ponzoñosas
Las manifestaciones de la mordedura, y sobre todo de la
acción del tóxico sobre ella, son
variables, como respuesta
lógica a la diversidad de los componentes del veneno en cada una de las especies. Tanto la
evolución del paciente como el pronóstico del
proceso clínico son, en general, arriesgados cuando se desconocen los venenos y cantidades inoculadas.
Al margen de la actividad unidireccional o múltiple del
tóxico, la acción local que provocan la mayoría de los tipos segregados
por las serpientes es esencialmente de necrosis (
muerte de los
tejidos en contacto directo con el veneno).
Tras una primera reacción de dolor intenso, como una
quemadura, suele aliviarse la molestia de la región mordida, que aparece
señalada con un cardenal o hematoma acompañado de cierta
inflamación.
Inmediatamente aparecen síntomas de parestesia y hormigueo con
movimientos semirreflejos de la zona afectada, cansancio pesadez,
abundante salivación, paralización de
músculos faciales,
lengua y laringe con los correspondientes trastornos de
lenguaje y
respiración para el paciente.
Un agravamiento del cuadro manifiesta pérdida de la visión, intenso dolor de cabeza, vó
mitos y bajada de tensión conducente al colapso respiratorio, más bien parálisis respiratoria y colapso circulatorio.
El veneno de los elápidos (
grupo de las cobras) es esencialmente neurotóxico y provoca con rapidez la mayoría de los síntomas graves antes apuntados.
En el caso de los vipéridos, el veneno de las especies del
género
bitis, como la víbora del Gabón, es muy activo y además la profundidad
de la mordedura y el tamaño de los dientes hace que resulte más probable
su inoculación en un vaso sanguíneo, en cuyo caso la muerte de un
hombre puede sobrevenir en un período de dos a cinco minutos.
Otros cuadros de mordedura de vipéridos presentan
asociada a la sintomatología general hemorragias bucales y nasales y
sequedad de la boca, en lugar de la salivación excesiva anteriormente
citada.
6. Intervención Rápida
Dada la gravedad que representa la acción de las neurotoxinas (venenos que afectan el
sistema
nervioso de la víctima), presentes en la mayoría de los venenos
inoculados por las distintas especies peligrosas, la rapidez en la
intervención resulta
capital
en dos sentidos; en primer lugar, "descargar la zona mordida y
emponzoñada" de la mayor cantidad de tóxico posible, evitando su
progresión en el torrente circulatorio mediante una sangría localizada y
eficiente. La acción más eficaz es la inyección inmediata del suero
antiofidios (mejor si es el específico), que neutraliza, en cualquier
caso, el efecto más letal de las neurotoxinas, siempre que se administre
a tiempo, antes de media hora, para impedir el establecimiento de la
sintomatología nerviosa con la gravedad del cuadro ya conocido.
Cuando el tratamiento es inmediato (de ahí la
importancia de llevar suero en ciertas expediciones) las alteraciones o
inhibiciones funcionales provocadas no llegan a convertirse en lesiones
orgánicas irreversibles del tejido nervioso y la mortalidad puede
reducirse hasta una cuarta parte de la previsible, cuando no se dispone
del suero antiofidios.
La
administración
de suero "antiveneno" en dosis suficientes antes de las tres horas de
ocurrida la mordedura, en especies menos "fulminantemente letales",
puede asegurar un pronóstico favorable y en muchas ocasiones evitar la
muerte del herido.
7. Consejos prácticos ante una mordedura de serpiente
En primer lugar, las personas que por su
trabajo,
aficiones o prácticas de vida en entornos silvestres puedan estar
expuestas a la mordedura de serpiente venenosas han de conocer lo más
detalladamente posible las especies nocivas, su índice de peligrosidad y
los hábitos de vida de las mismas. Cuando se planifiquen expediciones
en zonas que pueden albergar estos ofidios hay que llevar siempre "a
mano" un botiquín especial y actualizado con sueros "universales" y
específicos perfectamente identificados, mejor con la foto de cada
serpiente contra la que actúa.
Como práctica preventiva cada persona ha de leer y
aprenderse detalladamente antes de la aventura la forma y dosis de
preparación y
administración de los sueros para actuar con rapidez si llegara el caso y no perder un tiempo precioso en leer las instrucciones de uso.
Con urgencia pero sin
pánico
hay que proceder a la inmovilización de la zona afectada, y cuando el
herido está acompañado, ha de quedar inmóvil mientras le auxilian sus
compañeros.
El reposo retarda la difusión del veneno y su paso
rápido a los vasos linfáticos y capilares que lo transportan a todo el
organismo.
1. Aplicación de un torniquete más arriba de la zona
afectada por la mordedura cuando ésta se produce en las extremidades, de
forma que no impidamos la circulación arterial del miembro, sino
exclusivamente la linfática (el torniquete no debe ser muy apretado).
2. Práctica de incisiones o cortes alrededor de la
mordedura y aspiración o evacuación de la sangre infectada. La succión
bucal, tan divulgada en numerosas películas cinematográficas y posterior
expulsión del veneno por
el salvador oportuno con la acción de escupir tiene varios
problemas
de tipo práctico: aumento de las lesiones en la víctima, cuando el
veneno sea de acción proteolítica, y posible inoculación al socorrista,
si éste tiene heridas en la boca. En cualquier caso esta práctica,
desesperada, a falta de suero o en función de la lejanía de socorro
especializado, puede eventualmente salvar la vida del herido.
3. Aplicación de compresas de hielo frío sobre la zona
de la lesión, lo que contribuye a reducir las molestias y retardar la
circulación, así como prevenir infecciones posteriores.
4. Aplicación lo más inmediata posible del suero
antiofidios y traslado de la persona atacada hasta el centro
hospitalario más cercano.
El alto índice de
riesgo
que supone una mordedura ponzoñosa bien justifica los esfuerzos
científicos, biológicos y médicos empeñados en desentrañar los
mecanismos de actividad de los tóxicos y fabricar los sueros más
efectivos. Sin embargo, afortunadamente, es altamente improbable "sufrir
un desagradable encuentro", siempre que queramos evitarlo; claro que lo
peligroso del mismo, si éste se produce,
requiere un
entrenamiento bien adecuado para la utilización de los sueros, manejo del botiquín, etc.
Las personas más expuestas a sufrir heridas de este tipo
son los herpetólogos, especialistas en serpientes, conservadores de
zoológicos y terrarios, "encantadores" que manejen
animales
dotados de sus colmillos y sobre todo de sus glándulas venenosas,
cazadores de animales vivos, etc. La tristemente famosa culebra
arborícola del Cabo Dispholidus typus, opistoglifa y por tanto
considerada no "peligrosa", causó la muerte del eminente científico
americano doctor Schmid, que fue mordido repetidamente mientras manejaba
uno de estos ejemplares.
La culebra bastarda Malpolon monspessulanus, común en
España,
es inofensiva, a pesar de su temperamento agresivo, siempre que no se
pretenda manejarla o sujetarla de forma inadecuada o distraída, pues "en
la mano" puede producir lesiones que degeneran en molestias muy
dolorosas, aunque no se hayan registrado casos de muerte en personas
sanas y normalmente constituidas.
Autor:
Herbert Gómez Nunura
Bachiller en Ciencias Biológicas
Universidad Nacional De Piura
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