
¿Cómo preparar a nuestros países para una educación de calidad, competitiva a nivel mundial y basada en el uso de tecnologías?
Para dar respuesta a los retos de la economía digital el más complejo de los factores a transformar es la educación, ya que sin ella no será posible contar con capital humano a la altura del ecosistema actual.
En la región se han dado grandes avances en materia de conectividad y acceso a Internet para las escuelas de todos los niveles; sin embargo, siguen existiendo vacíos en términos de contenidos y de estructuración de clases para lograr una verdadera integración de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC).
Crear un ecosistema innovador para la educación supone equilibrar las políticas públicas en este sentido, los currículos y estándares de evaluación, los recursos digitales disponibles para los docentes así como su capacidad de administrarlos, para finalmente poder llegar a los estudiantes con una verdadera educación apoyada en tecnologías.
Los panelistas a cargo de la sesión partieron de la pregunta por cómo América Latina puede mejorar su educación a través de la conformación de un ecosistema de innovación. Al respecto, la discusión se centró en tres ejes:
Replicar políticas públicas exitosas y reformas avanzadas
Es necesario reformar las políticas educativas en América Latina para hacerlas lo suficientemente flexibles para ampliar el alcance de los modelos educativos, aprovechando las ventajas de la tecnología; pero a la vez la educación debe estandarizarse para poder encajar en las mediciones globales.
Aunque ejemplos como el de Finlandia son imposibles de desconocer para la educación mundial, lo cierto es que estos modelos no necesariamente son aplicables en el contexto latinoamericano. Si bien es importante identificar las mejores prácticas y adaptarlas a nuestros intereses y talentos, la réplica de políticas públicas no puede ser una opción, si es que se limita al 'copiar y pegar'.
El reto para los gobiernos es identificar las necesidades particulares de los territorios, hacer un balance de sus recursos (humanos y técnicos), y en función de ellos desarrollar propuestas que permitan a los docentes y administradores académicos crear sus propios modelos pedagógicos, orientados siempre a desarrollar competencias transversales en los estudiantes, destacando entre ellas el desarrollo de habilidades digitales.
Al respecto, Ricardo Haneine Haua, Director de A. T. Kearney en Hispanoamérica, señaló que “una parte es la educación, educar a la gente con un currículum para el siglo 21, y también es necesario el desarrollo de competencias, porque la productividad está ligada a las competencias específicas y tener un mercado formal en el que se reflejen y certifiquen esas competencias”.
Nuevas tecnologías dentro y fuera de las aulas de clase
La infraestructura tecnológica disponible para las aulas de clase es amplia y variada, lo suficiente para abarcar casi todas las necesidades que una clase pueda tener; sin embargo, el problema de la integración de TIC en las aulas suele centrarse en el desconocimiento de los docentes para aprovechar su potencial.
Los estudiantes de casi todos los niveles educativos y socioeconómicos tienen acceso a Internet y reconocen más posibilidades de aprendizaje en él que sus propios maestros. Por ello es necesario considerar qué papel jugará la tecnología disponible en las escuelas, en conjunto con la que está en manos de cada estudiante.
Impulso a metodología de autoaprendizaje basadas en TIC
Dado el crecimiento que han tenido los dispositivos móviles y las conexiones de Internet a través de ellos, en América Latina es necesario pensar en cómo aprovechar este acceso para impulsar el desarrollo de competencias para enfrentar el mercado laboral global.
En este sentido, plataformas y aplicaciones de autoaprendizaje resultan fundamentales en la conformación de un ecosistema innovador para la educación, ya que facilitan el acceso masivo a capacitación de todos los niveles, usualmente a costos más bajos que la educación tradicional, y con resultados basados en el compromiso y la atención que preste el estudiante, dejándole a este la responsabilidad por su desarrollo personal y profesional.
Bajo este panorama, el desafío no es necesariamente el desarrollo de plataformas de autoaprendizaje, sino el desarrollo de capacidades para el autoaprendizaje, tarea que resulta no solo desafiante sino compleja en el marco de los modelos educativos tradicionales en la región.
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